[Crítica] Shin Chan: El pequeño Samurái

Imagen promocional de la cinta. Fuente: ABC/Luk Internacional.
La innumerable filmografía de Shin Chan tiene verdaderas joyas, ya sean con un marcado humor que sigue la estela de la serie de anime o espectaculares obras que nos transportan a sucesos épicos del pasado. Precisamente, ubicada en este último grupo tenemos a Shin Chan El Pequeño Samurái. Un título que, como en todos los lanzados en el mercado español, juega con el nombre de una cinta muy popular, en este caso El Último Samurái.

El desarrollo de la trama nos invita a un viaje que realiza Shinosuke, inexplicablemente al siglo XVI, donde se verá envuelto en una guerra civil entre señores feudales. Tras la pista, su familia llegará a él para volver a su tiempo, no sin antes ayudar al samurái Matabe a proteger al feudo de Kasuga (Kasukabe), y al gran amor de este, Rem.

Estamos ante una película que rompe los esquemas habituales de Shin Chan. El drama sostiene una obra que cuenta con pequeñas pinceladas de humor en medio de un conflicto bélico del Periodo Sengoku. La crudeza se minimiza pero se deja a entender en la batalla. Todo tendrá respuesta, y esboza un profundo análisis de la sociedad feudal japonesa. Detalle, evidenciado en cada una de las vestimentas y clases sociales representadas en el film.

Shinosuke conoce a Matabe. Escena de la película. Fuente: DVD/Luk Internacional.
Los personajes se encuentran diseñados con mimo, denotando personalidades características de la época, que terminan brillando con ejecuciones sublimes por parte del elenco de doblaje. Prueba de ello es Matabe con un Gonzalo Otero que sabe transmitir esa seriedad e ingenuidad que caracteriza a su personajes. Además de una Nuria Marín, que deja el humor de su habitual Señorita Matsuzaka para adentrarte en una seria pero, a la vez, dulce Rem Kasuga. Un auténtico reto interpretativo, que ellos hacen parecer fácil.

El gran trabajo de traducción y adaptación de Marc Bernabé y Verónica Calefell, que conocen a fondo este manganime, ayuda muchísimo a la hora de no sentir descontextualizada la cinta. Así como el equipo de doblaje, que ha sabido mimetizarse con sus protagonistas.

En resumen, un largometraje que sorprende por su calidad visual y técnica, llevándolo a ganar el Japan Media Arts Festival, e, incluso, a tener una adaptación real en 2009 titulada Ballad: Na mo naki koi no uta. Una delicia para los apasionados de la Historia y, por supuesto, de Shin Chan en general.

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